Comunicado de Podemos Aragón sobre las maniobras de la OTAN:

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Comunicado de Podemos Aragón sobre las maniobras de la OTAN:

Podemos Aragón hace un llamamiento a manifestarse en contra de las maniobras de la OTAN el próximo sábado 3 de octubre a las 12h en la Plaza Sasera de Zaragoza.

Las maniobras de la OTAN Trident Juncture ‘15 son un ejercicio desmesurado en el que se utiliza la disuasión y la amenaza como herramienta de política exterior. En mitad de la peor crisis de refugiados que ha vivido Europa desde la Segunda Guerra Mundial, la OTAN ha decidido embarcarse en las maniobras más grandes de esos mismos setenta años. Solo existe una explicación a la pregunta de por qué este despliegue, y esta son las políticas exteriores basadas en el intervencionismo y el militarismo. Las maniobras son la excusa para preparar futuras actuaciones en nuevos escenarios de guerra.

Cabe preguntarse por qué no sabemos cuánto cuestan a la OTAN (pagada con el dinero de todos) estas maniobras. Es otra incógnita cuánto suponen a las administraciones estatal, autonómica y local estas maniobras, cerradas, por cierto, en mitad del mayor oscurantismo por la anterior corporación municipal.

Resulta incomprensible para la gente que en la presente situación de tensión internacional los países de la OTAN se dediquen a hacer demostraciones de fuerza en vez de a arreglar problemas. No es casualidad que las ONG que han colaborado con estos ejercicios quieran mantenerse en el anonimato; la política exterior europea se lleva moviendo demasiado tiempo entre la falta de solidaridad y las intervenciones que solo empeoran los conflictos, y los ejercicios Trident Juncture son solo un jalón más en una escalada de la que solo se benefician quienes usan la violencia y el terror como forma de conseguir sus objetivos. Vemos cómo día tras día el gobierno, con los ministros Morenés o Fernández Díaz -cuando dice que hemos de buscar terroristas entre los refugiados-, fomentan la ilusión de que vivimos rodeados de enemigos a los que mostrar nuestra capacidad de “disuasión”. Pero en realidad vivimos rodeados de países con los que necesitamos relaciones de buena vecindad y de cooperación.

Las intervenciones militares que hemos vivido en la última década, muchas de ellas perpetradas por la OTAN, y el resto por buena parte de los países occidentales que la integran, han sido el origen de la situación que vivimos en Irak, Siria o en Libia, y de la mayor crisis de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Para hacernos idea de su grado de belicismo, la OTAN o alguno de sus miembros toman parte en los trece mayores conflictos actuales; y esto tiene consecuencias. Sin la invasión de Afganistán, no habría habido Al-Qaeda por medio mundo, sin la de Irak no existiría Estado Islámico, sin la agresión a Libia no habría miles de refugiados en Lampedusa. En los últimos trece años hemos aprendido que las bombas suelen generar más problemas y sufrimiento del que pretenden resolver.

Por eso, ahora que se escuchan de nuevo tambores de guerra en las cancillerías europeas y americanas para intervenir en Siria, ahora que la OTAN despliega sus baterías de misiles Patriot en Turquía, ahora, en este momento, es preciso preguntarse si prepararnos para la guerra no es repetir esos mismos errores. Si es normal hacer las mayores maniobras militares de la historia de Europa en mitad de la mayor crisis económica desde los años 30 del siglo XX, mientras a las puertas de la UE se agolpan cientos de miles de refugiados, como consecuencia de los mayores errores de política internacional en decenios.

En ese contexto, cabe preguntarse en qué medida estas decisiones -intervención en Libia, por ejemplo- son errores y en qué medida son líneas políticas que corresponden a intereses ajenos a los de la seguridad de Europa. Y esta pregunta no puede responderse sin analizar el carácter no democrático de la OTAN, tanto en su toma de decisiones como en los países que la componen, ya que nunca ha tenido empacho a aceptar dictaduras en su seno, como lo eran Grecia, Portugal o Turquía.

La primera consecuencia de esta falta de democracia en las decisiones de la OTAN la encontramos en la inexistente política exterior de la UE y España que se aleja, pese a los puntuales intentos de Alemania o Francia, de las buenas relaciones y la solidaridad con países estratégicos de nuestro entorno, como los de la cuenca mediterránea o Rusia, en favor de una actitud agresiva dictada desde Estados Unidos y aceptada unánimemente por el resto de países OTAN como España. Puede, por ello, que haya a quien le interese favorecer la confrontación o tachar la inmigración -como hace la OTAN- como una amenaza descontrolada, pero no es desde luego a Europa.

Apuntando en esa dirección, tanto las intervenciones bélicas, como las maniobras desproporcionadas que nos ocupan o los Planes Especiales de Armamento que tanto benefician a las antiguas empresas del ministro Morenés son una forma de poner los recursos de la ciudadanía al servicio de intereses que le son ajenos, lo cual no deja de ser una forma de deslealtad. Una forma de deslealtad especialmente sangrante cuando es la tropa la que vive de forma precaria y con escasos recursos. Lo que necesita nuestra seguridad no son, probablemente, los juegos de guerra más caros de la historia.

Tampoco, en un nivel más cercano, necesitamos ver otra vez como el sur de Europa es empleado como campo de maniobras militares para las políticas que se desarrollan en el Norte; todos los ejercicios que tienen lugar dentro la comodidad de cuarteles y oficinas se llevan a cabo en el Norte de Europa, mientras que los que implican molestias a la población civil (explosiones, municiones peligrosas, etc.) se desarrollan en España, Portugal e Italia (en el colmo del sarcasmo, en este último país, cientos de barcos celebrarán sus maniobras a apenas 50 millas de las costas de Lampedusa). En ese sentido, se convierte en una cuestión de sentido común que el Campo de San Gregorio vuelva a los municipios que han visto cercenados sus términos desde hace ya mucho tiempo.

En resumen, no necesitamos estas maniobras. Necesitamos, por el contrario, revisar la política exterior, españolas y europeas, orientándola a la cooperación y a la defensa en lugar de hacia la intervención exterior, y el modo en el que eso nos implica en organismos supranacionales. Pero necesitamos, sobre todo, una forma de hacer política exterior que no contemple la amenaza y la agresión como la extensión natural de la diplomacia, privilegiando la resolución pacífica  de conflictos.

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